El equilibrio en lo inestable. Primera carta a mi mujer nómada.

Carta 1. 18 de mayo, 2026

Querida nómada:

He huido de ti muchas veces. Y, sin embargo, te amo profundamente, porque eres una extensión de mi alma y también quien me enfrenta con mi propia condición de nómada.

—¿Soy inestable? o más bien ¿equilibrista? —te pregunté algún día. Paso del éxtasis del cambio, al gran trabajo de recomponer proyectos, cerrar duelos, abrirme al mundo de los vínculos y volver a encender la hoguera de mi casa.

Ese día me sentí inestable, y tuve angustia. Una respuesta humana esperada ante esta situación es aferrarse a las justificaciones. Yo me repetía, esa frase gastada, de que la vida es transformación. La frase fue una excusa para poner afuera algo que solo me pertenece.

A lo mejor, me sentí inestable porque me ocupé demasiado de pasar de un punto a otro (geográfico, mental, emocional, profesional) y muy poco de habitar el “entre” que sucede en esos dos puntos: mi alta sensibilidad por el mundo, mi verdad y hasta mi cuerpo.

Hoy lo comprendo. Ser nómada es habitar “el gran intermedio” del que hablan los filósofos.

En mi presente, estoy habitando más lo que pasa entre mis estados internos: mis viajes entre la tristeza y el sosiego; el miedo y el amor; la rabia y la templanza; la desconfianza y la fuerza. También todo lo que sucede entre el origen y el destino de mis proyectos, sueños, lugares y vínculos. Estoy habitando con menos resistencia el vacío, la semilla, la soledad, el caos y la creación. Sintiendo.

Desde que descubrí el gran intermedio, este ha sido mi espacio fértil. De allí han surgido creaciones que no busco y mis visiones más reveladoras. Puedo atravesar límites mentales y abrirme a nuevas conexiones internas.

De adentro hacia afuera. Collage propio

Esta nueva forma de moverse de un lugar a otro no es igual a “vivir el proceso”. Aquí, he tenido que mirar realmente mis espacios en blanco. Lo que muchos no queremos tocar.

Es importante hacer esta diferenciación.

Ante la inestabilidad, mi tendencia y nuestra tendencia humana es o la dejadez o llenar desesperadamente los aparentes vacíos para evitar el vértigo de lo que aún no termina de formarse en nosotros. Pasé por ambos extremos. Pero ahora veo con más claridad que si algo no es visible no significa que no esté ocurriendo.

Querida nómada,

En mi gran intermedio ha ocurrido algo profundamente deseado: mi individuación. Más que agregar, estoy quitándome versiones de vida obsoletas, propias y ajenas. Entre mis múltiples identidades, terminé de aceptarme como nómada. Lo soy. Y no es caos. Es una forma de estabilidad dinámica.

A veces, es natural sentir que la vida no avanza como esperamos. Sin embargo, aunque parezca pasivo, caótico o improductivo, el gran intermedio entre un punto y otro es real. Y ahí también estamos existiendo. Además, el alma es flexible cuando nos atrevemos a cruzar lo desconocido.

Con esta carta, quiero decirte que no quiero huir más de ti.

Caminemos juntas.

Mi estabilidad ya no está en esperar el siguiente inicio. Mi estabilidad la encuentro alineando mi vida exterior con mi verdad interior y todo lo que se está gestando en mí. De forma radical.

Entonces mis emociones no se congelan, y soy la primera en validar mi camino.

Te amo,

Carolina.

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https://unamujernomada.substack.com/p/el-equilibrio-en-lo-inestable-primera

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